Conversacion con mi ansiedad.

Hola, vieja amiga, toma asiento, tengo que decirte algo y necesito que me escuches y que todo quede bien claro. Hace mucho que no nos vemos.

Con el tiempo me he dado cuenta de muchas cosas. Cuando nos conocimos, no empecé nuestra relación con buen pie. Fui bastante torpe y me dediqué a rechazarte, a odiarte y a intentar evitarte por todos los medios. La verdad es que no me caíste nada bien. Cuando hablaba con la gente sobre ti, que no era muy frecuente, no les contaba precisamente cosas bonitas. Solía quejarme de lo desdichado que me hacía conocerte y los malos ratos que pasaba a tu lado. Recuero haber soltado verdaderas barbaridades sobre ti, del tipo: “¡Estoy harto de mi ansiedad! ¿Por qué demonios ha tenido que aparecer en mi vida? No me lo merezco, si yo nunca he tenido este tipo de problemas. Ojalá pudiera pulsar un botón y hacer que desapareciera”

Me llegué a plantear cosas muy locas… no, hombre, no me mires así, no me refiero a cosas tan locas como lo que estás pensando. Me refería a meterme cuantas pastillas fuera necesario para que cuando aparecieras pudiera tomármelo con más calma. Pero vamos, que al final nunca me atreví, quería intentar llevarme bien contigo a través de otros métodos.

Si te soy totalmente sincero, como desde el primer instante en que te vi sentí una inmensa aversión por ti, no te escuché ni intenté comprenderte en ningún momento. Era como si cuando me hablaras me tapara los oídos como un niño pequeño y te dijera: “haba chucho que no te escucho”. Tú ya no sabías que hacer y aparecías con diferentes disfraces y en las situaciones más inesperadas. Mira que corría eh, con todas mis fuerzas, pero no había manera de escapar, tú eras más rápida. Y mi odio por ti crecía y crecía. Y yo venga a leer sobre ti en Internet y en diferentes fuentes, venga a obtener información que me daban terceros en lugar de preguntarte, en lugar de intentar aceptar el mensaje que traías.

¡Ay, ansiedad! ¡Qué cabezón fui! Igual tú no recuerdas el día en cuestión, yo sí. Lo tengo grabado claramente en mis recuerdos. Fue el día en el que por fin te miré a la cara. El día en el que reuní el valor necesario para escucharte y verte por primera vez como lo que eras. Una mensajera de mi cuerpo. Tan solo viniste para enseñarme valiosos mensajes de lo más profundo de mi ser y todo resultó ser más sencillo de lo que jamás hubiera imaginado.

Desde entonces, comprendí que no eres el enemigo sino mi aliada. ¿Qué? Sí, ya lo sé, dirán que estoy loco y que la ansiedad es un problema y no puede ser nunca un aliado. Pero querida mía, quién diga eso es que no te conoce, es que no se ha enterado aún de que tú no estás aquí para hacernos infelices. Todo lo contrario, estás aquí para acercarnos más a nuestro centro, para darnos importantes claves del auto-conocimiento, para que aprendamos a entendernos y a escuchar nuestro cuerpo, nuestra alma si me pongo muy intenso.

Es por ello que digo GRACIAS. Si no te hubiera conocido, a saber donde estaría y quien sería, desde luego me faltaría mucho más camino por recorrer. Llegaste a mi vida cuando tenías que llegar. Recuerda que si vuelves, siempre habrá un huequito para ti donde encontrarás mi comprensión y un corazón abierto y dispuesto a aprender.

¿QUÉ LE DIRÍAS A TU ANSIEDAD?

Antes de continuar y de que alguien se me tire alguien al cuello, quiero aclarar que no soy psicólogo ni trato de curar patologías o traumas. Esto, se lo dejo a los profesionales pertinentes. Indiferentemente a qué me dedico y lo ligado o no que esté con la psicología, sí puedo afirmar que soy una persona que ha experimentado la ansiedad en todos los poros de su piel y en todas las formas que puedas imaginar.

Puede que si estás leyendo esto estés experimentando ansiedad en alguna de sus múltiples caras, no me extrañaría, cada vez son más las personas que se topan de frente con esta situación. Nuestro estilo de vida frenético, competitivo, estresante y desconectado de nuestra naturaleza está afectando cada vez más a nuestro bienestar mental y físico. Si eres una de estas personas, te propongo que te plantees algo.

¿Cómo tratas a tu ansiedad?

Si pudieras imaginarte tu ansiedad como un ente con vida propia que ha llegado a tu vida, ¿qué le dirías?, ¿cómo actuarías con este ente? Normalmente las personas reaccionamos con algunos o todos de los siguientes elementos.

– Rechazo.

– Aversión.

– Miedo.

– Confusión.

– Odio.

– Pánico.

– Vergüenza.

– Negación.

– Incertidumbre

Es lógico, cuando la ansiedad se manifiesta es indudable que nos genera sentimientos desagradables, y por lo tanto tratamos de evitarla con todas nuestras fuerzas. No queremos que nos ocurra eso que nos está haciendo sufrir. Nos negamos a experimentarlo, nos cagamos de miedo, vaya. Por otro lado, muchos de nosotros intentamos ignorarla y taparla con otras cosas, pero no funciona, siempre acaba regresando. Es entonces cuando llega la rabia y el odio.

¿Y sí tuvieras otro tipo de enfoque? ¿Y sí trataras de entender tu ansiedad desde un punto de vista mucho más profundo y espiritual?

Cuando la ansiedad aparece, aparece con sus motivos. Puede que a priori no los entiendas. Puede que pienses que se deba simplemente a un cúmulo de desgracias que han sucedido en tu vida o a situaciones altamente estresantes. Seguramente que justo coincide con motivos aparentemente tangibles, no te lo niego, pero, ¿qué te está queriendo decir tu ansiedad?

Quizá se trate de mirar más allá, de no justificar tus problemas con otros problemas. Sí, cierto, puede que últimamente te hayan ocurrido cosas horribles, a todos nos suceden. Pero ¿cómo estás gestionando el modo en el que afrontas lo que te sucede?

La ansiedad siempre trae un mensaje. Es un mensaje claro y directo, aunque está encriptado. No habla tu idioma, solo sabe comunicarse contigo a través de sensaciones corpóreas desagradables y pensamientos negativos auto-destructivos. Es su manera de decirte “PARA”, “ESCÚCHATE”. Y lo más importante, ha llegado el momento de mirar dentro de ti. Es algo terrorífico en un principio, pero el viaje merecerá la pena. La ansiedad no es un ente separado de ti, forma parte de ti, rechazarlo o evitarlo no es solo imposible sino un disparate. Tratar a la ansiedad como al enemigo solo le hará más fuerte porque de ninguna manera puede ser el villano malvado de la película. Es tan solo un nexo entre tú y tu ser interior. Ha venido aquí para que cambies algo, para que tomes las acciones necesarias y vuelvas al equilibrio y tu estado natural: la paz, la armonía y la conexión con tu centro.

Este tema entraña una gran complejidad. Cada persona es distinta y vive sus propias circunstancias. Mi intención no es decirte como debes hacer las cosas, si es mejor o peor como lo estás llevando, sólo te propongo adoptar una visión mucho más productiva sobre tu ansiedad. Reconocer que no es el enemigo, que está aquí por y para algo, y empezar a mirarle a los ojos para entender que quiere decirte, no es más que el primer paso a la aceptación. Cada caso es distinto, puede que la acción que necesites llevar a cabo sea ir a un psicólogo, o puede que prefieras otras vías distintas, sea cual sea el camino, lo más importante es que se base en la más absoluta aceptación y apertura. La ansiedad es probablemente la mejor oportunidad que tendrás en tu vida para evolucionar y crecer interiormente, tanto personal como espiritualmente. No corras, no huyas, para, escucha y aprende de esto que la vida te ha traído.

Insisto, la ansiedad no es algo fácil, con este post no pretendo darte los 10 tips para superar tu ansiedad ni ninguna otra píldora milagrosa del estilo. Debemos ser realistas, la ansiedad es un camino difícil. Sólo te propongo que como primer paso a otra forma de entenderte, dejes de luchar contra lo infalible para empezar a entornar la puerta a otras perspectivas, otros puntos de vista más sanos y profundos.

Un fuerte abrazo

Víctor

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